Misión digital: evangelizar más allá de las publicaciones | Primera parte

Misión digital: evangelizar más allá de las publicaciones | Primera parte

Durante mucho tiempo hemos entendido la presencia de la Iglesia en internet como la tarea de abrir una página, publicar los horarios de las celebraciones, compartir fotografías de las actividades parroquiales y anunciar el siguiente evento. Todo esto es útil y necesario, pero no basta para hablar de una verdadera misión digital.

La conferencia “Misión Digital y Creación de Contenidos para la Evangelización”, impartida por la comunicadora María Fernanda “Fer” de Luna, plantea una diferencia fundamental: una cosa es digitalizar la pastoral y otra muy distinta realizar pastoral digital.

Digitalizar la pastoral significa llevar a una pantalla aquello que ya hacemos presencialmente. Es publicar el horario de las misas, el programa de las fiestas patronales, las fotografías de una reunión o la invitación a una conferencia. En otras palabras, es convertir las redes sociales en una cartelera parroquial.

La pastoral digital comienza cuando comprendemos que internet no es solamente una herramienta, sino un ambiente habitado por personas reales.

Detrás de cada cuenta existe una persona

En las redes sociales hay personas heridas, solas, confundidas y necesitadas de acompañamiento. Allí se encuentran jóvenes con preguntas sobre la fe, matrimonios en crisis, personas que han perdido la esperanza y hombres y mujeres que desean acercarse a Dios, aunque todavía no sepan cómo hacerlo.

Esto transforma profundamente la responsabilidad de quienes administran las redes de una parroquia, diócesis o movimiento.

Cuando alguien escribe al WhatsApp parroquial, envía un mensaje por Facebook o deja un comentario en una publicación, puede estar realizando su primer acercamiento a la Iglesia después de muchos años. La respuesta que reciba puede ayudarlo a continuar o provocar que vuelva a alejarse.

Quien atiende esos medios es, en muchas ocasiones, el primer rostro de la comunidad. Por eso no basta con saber publicar imágenes o manejar una plataforma. También es necesario aprender a escuchar, responder con prudencia y canalizar a quienes necesitan ayuda especializada.

¿Qué sucede si una persona escribe manifestando pensamientos suicidas? ¿Sabemos qué responder si una mujer considera abortar o vive las consecuencias emocionales de haberlo hecho? ¿Contamos con contactos de sacerdotes, psicólogos, tanatólogos o instituciones que puedan intervenir?

La misión digital no exige que el administrador resuelva todos los problemas. Sí exige que la comunidad esté preparada para no ignorarlos.

Primero misioneros, después digitales

Antes de ser “digitales”, somos misioneros por el Bautismo. La tecnología no crea la misión de la Iglesia; solamente abre un nuevo territorio para realizarla.

El misionero digital es el bautizado que anuncia el Evangelio, da testimonio de Cristo y acompaña a las personas dentro de la cultura digital. No utiliza internet solamente para difundir contenidos. Lo habita con una presencia cristiana.

Su misión no consiste en llevar seguidores hacia sí mismo, sino en conducirlos hacia Cristo y, siempre que sea posible, hacia una comunidad concreta donde puedan continuar su camino de fe.

Por eso, un misionero digital no es necesariamente lo mismo que un influencer católico. Una persona puede hablar de Dios y acumular miles de seguidores, pero la misión cristiana requiere algo más: comunión eclesial, formación, escucha, testimonio, humildad y disposición para acompañar.

De las noventa y nueve a la oveja que falta

Buena parte de la comunicación parroquial está dirigida a quienes ya participan. Publicamos para las mismas personas, anunciamos actividades a quienes ya conocen la comunidad y utilizamos un lenguaje que solamente comprenden quienes llevan años dentro de la Iglesia.

Pero el Evangelio nos invita a salir en busca de la oveja que falta.

En el ámbito digital, esa oveja puede ser el joven que nunca asistiría por iniciativa propia a una charla parroquial, la persona que dejó de creer, el matrimonio que atraviesa una crisis o alguien que busca en silencio una razón para conservar la esperanza.

Llegar hasta ellos exige conocer su lenguaje y comprender su realidad. No significa diluir el Evangelio ni convertirlo en una moda. Significa aprender a comunicar la misma verdad de una manera que pueda ser escuchada y comprendida.

Cada plataforma y cada grupo humano tienen códigos diferentes. No hablamos de igual manera con un adolescente, un matrimonio, un adulto mayor o alguien que nunca ha recibido formación religiosa. Evangelizar requiere conocer al destinatario y construir un puente que le permita acercarse.

Acoger antes de corregir

También en las redes existe la tentación de juzgar antes de escuchar.

Una persona que apenas comienza a acercarse a Dios no puede ser tratada como alguien que lleva décadas de formación. Su lenguaje, sus publicaciones y sus decisiones quizá todavía no reflejen plenamente la vida cristiana. Sin embargo, la primera respuesta no debería ser el rechazo, sino la acogida.

Primero se recibe a la persona. Después se le acompaña y se le ayuda a descubrir la verdad.

Cuando alguien se sabe amado y respetado, puede comenzar a transformar su vida desde el interior. La conversión auténtica no nace de la humillación pública ni de una respuesta agresiva, sino del encuentro con Cristo.

Esta actitud debe expresarse tanto en la puerta del templo como en la bandeja de entrada de una red social.

Informar y evangelizar

La comunicación institucional continúa siendo necesaria. Una parroquia debe mantener actualizados sus horarios, teléfonos, ubicación y medios de contacto. Quien busca una misa en Google necesita encontrar información correcta. Quien escribe por Facebook debería recibir una respuesta.

Sin embargo, junto con esta función informativa debe existir contenido que forme, acompañe y anuncie.

Una presencia digital equilibrada puede incluir avisos parroquiales, reflexiones, catequesis, testimonios, entrevistas, recomendaciones, respuestas a preguntas frecuentes y recursos de ayuda. La clave es no publicar únicamente cuando existe un evento que promocionar.

Para conseguirlo es conveniente elaborar una planeación mensual. Un tema general puede desarrollarse mediante diferentes formatos a lo largo de varias semanas. Por ejemplo, un contenido sobre salud mental podría incluir un artículo, una entrevista con un especialista, señales de alerta, recursos de acompañamiento y una reflexión espiritual.

Esta organización permite pasar de la improvisación a una auténtica estrategia pastoral.

Inteligencia artificial: herramienta, no sustituto

La inteligencia artificial puede ayudar a ordenar ideas, revisar textos, generar propuestas o agilizar determinadas tareas. Sin embargo, también puede producir contenidos impersonales, imágenes recargadas y mensajes que no corresponden a la realidad de una comunidad.

El problema no está únicamente en la herramienta, sino en la manera de utilizarla.

Cuando dejamos que la inteligencia artificial piense, escriba y decida todo por nosotros, corremos el riesgo de perder nuestra voz y nuestra capacidad de discernimiento. Una publicación evangelizadora necesita humanidad, experiencia, sensibilidad y conocimiento de las personas a quienes se dirige.

La tecnología debe servir al mensaje, no reemplazar al mensajero ni ocultar la ausencia de una verdadera intención pastoral.

Formación, verdad y comunión

La buena voluntad no sustituye la formación. Quien comunica la fe necesita estudiar la Biblia, la doctrina de la Iglesia, la pastoral y los fundamentos de la comunicación. También debe cuidar la redacción, verificar la información y aprender a distinguir las fuentes oficiales de los rumores.

Compartir una noticia falsa, atribuir declaraciones inexistentes a la Iglesia o difundir información no confirmada puede causar confusión y dañar la credibilidad de toda la comunidad.

Al mismo tiempo, ningún misionero digital debería caminar completamente solo. Necesita una comunidad, acompañamiento espiritual y comunicación con su parroquia y diócesis. Esta relación no tendría que convertirse en control o aprovechamiento, sino en una verdadera colaboración.

Las instituciones eclesiales necesitan reconocer, formar y acompañar a quienes evangelizan en internet. Los misioneros digitales, por su parte, necesitan permanecer en comunión con la Iglesia y abiertos al discernimiento.

¿Cristo está en el centro?

Toda persona que crea contenido católico debería hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿esta publicación conduce hacia Cristo o solamente llama la atención sobre mí?

El deseo de obtener seguidores, reconocimiento e invitaciones puede introducirse incluso en los contenidos religiosos. También podemos convertir la espiritualidad en una escenografía y la fe en una forma de construir una imagen personal.

Para examinar nuestras intenciones podemos preguntarnos:

  • ¿Publico solamente por cumplir?
  • ¿Tengo una estrategia pastoral?
  • ¿Escucho a las personas o solamente les hablo?
  • ¿Respondo los mensajes que recibo?
  • ¿Mi contenido ofrece algo útil?
  • ¿Pertenezco a una comunidad?
  • ¿Estoy dispuesto a trabajar sin aparecer?
  • ¿Busco seguidores para mí o discípulos para Cristo?

No se trata de rechazar las estadísticas. Conocer el alcance y la respuesta del público ayuda a mejorar. Pero los números nunca podrán ser la medida definitiva de la evangelización.

Redes que reparen lo que está roto

El gran desafío de la misión digital consiste en construir redes verdaderamente humanas: redes de comunión, verdad, amistad, escucha y esperanza.

Una publicación puede no convertirse en tendencia y, sin embargo, tocar el corazón de una persona. Puede ayudarla a pedir auxilio, regresar a la Iglesia, perdonar, conservar la vida o descubrir que no está sola.

Quizá nunca sepamos todo el bien provocado por una palabra publicada con fe y responsabilidad. Por eso, el éxito de la misión digital no se mide únicamente en reacciones, seguidores o visualizaciones. Se mide también en encuentros, procesos de conversión, comunidades que se fortalecen y personas que vuelven a mirar hacia Dios.

La Iglesia no necesita simplemente publicar más. Necesita aprender a estar en el mundo digital como estaría Cristo: escuchando, acogiendo, diciendo la verdad con amor y saliendo en busca de quien todavía se encuentra lejos.

 


Autor | Juan Gonzalo Sotelo Puente
Artículo basado en la conferencia: Misión Digital y Creación de Contenidos para la Evangelización | Ponente: María Fernanda de Luna - Fer

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